Episodio 23 · Trilogía de la Pasión II
Capítulo 4: El Juicio Que No Lo Fue
Chapter 4: El Juicio Que No Lo Fue
Dentro de la casa, el juicio ya estaba en marcha.
El Sanedrín se había reunido en plena noche, lo cual era en sí mismo ilegal. La ley judía exigía que los casos capitales se oyeran durante las horas del día, con un día completo entre el veredicto y cualquier sentencia. Los hombres que aplicaban la ley la habían suspendido.
Se presentaron testigos, pero sus declaraciones se contradecían entre sí. La ley judía exigía al menos dos testigos cuyo testimonio coincidiera para dictar una condena. Finalmente se presentaron dos.
FALSOS TESTIGOS“Este hombre dijo: Puedo derribar el Templo de Dios y reedificarlo en tres días.”— Mateo 26:61
Aun ese testimonio no concordaba plenamente entre los dos hombres. El caso seguía derrumbándose.
Caifás se puso de pie y enfrentó directamente a Jesús.
CAIFÁS“¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?”— Marcos 14:61
Jesús había guardado silencio durante todo el falso testimonio. Ahora respondió.
JESÚS“Yo soy. Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Todopoderoso y viniendo en las nubes del cielo.”— Marcos 14:62
Dos cosas en esa respuesta paralizaron la sala. Reclamar ser el Mesías no era en sí mismo blasfemia — muchos habían hecho esa afirmación. Lo que cruzó la línea fue la combinación de lo que siguió: sentado a la diestra de Dios y viniendo en las nubes del cielo. La segunda imagen proviene directamente de Daniel 7:13. Cada sacerdote y escriba en aquella sala conocía el texto. Jesús no estaba simplemente reclamando ser el rey de Israel. Se estaba colocando en la posición que las Escrituras reservaban únicamente para Dios.
Según la ley judía, eso era blasfemia — punible con la muerte. Jesús lo había dicho abiertamente, frente a todo el Concilio, sin ambigüedad alguna.
Caifás rasgó sus vestiduras. El sumo sacerdote tenía prohibido por la ley mosaica rasgarse las vestiduras en circunstancias normales. El hecho de que lo hiciera de todos modos mostraba hasta qué punto el proceso había abandonado la ley que decían defender.
CAIFÁS“¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ya habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?”— Mateo 26:65
CONCILIO“¡Es reo de muerte!”— Mateo 26:66
Entonces los guardias tomaron el control. Le escupieron, le vendaron los ojos y le golpearon en el rostro.
GUARDIAS“¡Profetízanos, Cristo! ¿Quién te golpeó?”— Mateo 26:68
Al amanecer, los principales sacerdotes celebraron una breve sesión formal para ratificar el veredicto de la noche. Luego ataron a Jesús y lo entregaron a Pilato, el gobernador romano.