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Episodio 1 · Ester

Capítulo 4: Odio en las Alturas

Chapter 4: Odio en las Alturas

Y aun cuando la obra de Mardoqueo permanecía oculta en las crónicas, otra figura se alzaba en el palacio—Amán, exaltado por Jerjes y revestido de autoridad, segundo solo después del rey. Dondequiera que caminaba, los siervos se inclinaban profundamente, sus rostros hacia el suelo. Su orgullo se hinchaba con cada gesto, pues no exigía solo respeto, sino reverencia.

Pero en la puerta del rey, un hombre permanecía erguido. Mardoqueo no se inclinaba ante nadie sino ante el Dios de Israel. Día tras día, mientras otros doblaban sus rodillas, él seguía firme, su silencio más cortante que las palabras.

Amán vio. Amán ardió. Amán conspiró.

Cuando supo que Mardoqueo era judío, su furia se extendió más allá de un solo hombre. El odio se torció en algo más oscuro, y tramó no solo contra Mardoqueo, sino contra todo judío esparcido por el imperio. Con palabras astutas y un regalo de plata, inclinó el oído del rey.

AMÁNHay cierto pueblo entre las provincias… viven de manera diferente, y no guardan tus leyes. No conviene al rey tolerarlos. Sean destruidos.

Jerjes escuchó. Con el peso de su anillo de sello, estampó un decreto de muerte. Los mensajeros cabalgaron velozmente a cada provincia, proclamando en cada lengua: en un solo día, hombres, mujeres y niños de Israel debían ser aniquilados.

El imperio tembló. La misma Susa cayó en confusión.

A través de las tierras, los judíos se vistieron de cilicio y ceniza. el luto Sus clamores se alzaron desde las calles, extendiéndose como una sombra de provincia en provincia.

Lo que comenzó con el orgullo de un hombre se convirtió en el terror de un imperio.

Y en el polvo del dolor, los judíos esperaban la liberación.

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