Episodio 3 · El Hijo Pródigo
Capítulo 4: La Mentira Reluciente
Chapter 4: La Mentira Reluciente
La ciudad surgió del horizonte como un sueño hecho de piedra.
El hijo menor nunca había visto nada igual — muros imponentes, calles atestadas, música derramándose por cada puerta. El aire olía a carne asada, especias exóticas y posibilidad. Se paró en las puertas con su bolsa de monedas y sonrió.
Esto es. Esta es la vida para la que nací.
Alquiló una casa en un distrito adinerado. Compró túnicas de púrpura y carmesí. Abrió sus puertas de par en par, y los extraños entraron a raudales — atraídos por el olor del vino gratis y el rumor de un joven con dinero para gastar.
Un hombre venía más que los demás. Su nombre era Marcus — hijo de un mercader con ojos rápidos y una risa fácil. Siempre era el primero en llegar y el último en irse.
MARCUS“¡Sabes cómo vivir! La mayoría de los hombres de tu edad se marchitan en las granjas de sus padres. Pero tú — tú entiendes que la vida está hecha para disfrutarse.”
Al hijo le gustaba escuchar esto. Hacía que el nudo en su pecho se aflojara.
Una noche, un sirviente le entregó una carta. Reconoció la letra de su padre — lenta, cuidadosa, familiar.
La arrojó al fuego sin abrirla.
Las fiestas se volvieron más ruidosas. Una noche, la multitud levantó las copas y coreó su nombre. Él estaba en el centro de todo — rodeado de risas, ahogado en elogios. Pero cuando nadie miraba, salió al balcón y contempló el cielo.
Las estrellas se veían igual aquí. Pero se sentían más lejanas.
Sacudió la sensación y volvió al ruido.
Caminando a casa desde un banquete días después, pasó junto a un mendigo desplomado contra una pared. Sucio. De ojos vacíos. Mano extendida.
MENDIGO“Por favor, señor. Lo que sea.”
El hijo rio y lanzó una moneda a los pies del hombre.
HIJO MENOR“Levántate y trabaja como todos los demás.”
Siguió caminando sin mirar atrás, sin saber que estaba mirando su propio futuro.
Su bolsa de monedas se aligeraba cada semana.
No lo notaba.