Episodio 5 · La Historia de Moisés
Capítulo 10: El Mar y el Cántico
Chapter 10: El Mar y el Cántico
Seiscientas mil personas salieron caminando de Egipto.
Los hombres cargaban bultos en sus espaldas. Las mujeres equilibraban cántaros sobre sus cabezas. Los niños se aferraban a las túnicas de sus padres. Los ancianos se apoyaban en los jóvenes. Llevaban pan que no había leudado. Llevaban todo lo que poseían. Llevaban cuatrocientos años de cadenas finalmente rotas.
Por primera vez en generaciones, no eran propiedad.
Pero la libertad no se sentía segura. Se sentía como caminar hacia un precipicio en la oscuridad.
Entonces la tierra comenzó a temblar.
Moisés se volvió. El polvo se elevaba en el horizonte como una ola marrón. Luego el destello del metal. Luego el trueno de cascos. Carros. Cientos de ellos. Ramsés había cambiado de opinión.
El pueblo gritó. El mar se extendía ante ellos — interminable, gris, infranqueable. El ejército se cerraba detrás — rápido, blindado, despiadado.
Atrapados.
MUJER HEBREA“¡Nos trajiste aquí para morir! ¡Deberíamos habernos quedado como esclavos!”— Éxodo 14:11-12
Moisés enfrentó el mar. Su cayado temblaba en su agarre — la misma madera agrietada que había recogido del polvo.
Cerró los ojos.
MOISÉS“No soy suficiente. Nunca fui suficiente.”
Entonces una voz — no un trueno, sino un susurro que llenó todo su pecho:
DIOS“Nunca se supuso que lo fueras.”
Moisés abrió los ojos. Las palabras desbloquearon algo. Había pasado ochenta años creyendo que necesitaba ser suficiente. Pero Dios nunca le había pedido que fuera suficiente. Dios solo le pidió que levantara el cayado.
Levantó su cayado.
El viento vino como un rugido. Golpeó el agua y la desgarró. Muros de mar se elevaron a cada lado — temblando, imposibles, vivos. Peces quedaron suspendidos en lo profundo. El fondo del mar se extendía ante ellos, seco como hueso.
MOISÉS“Vayan. Ahora.”
Seiscientos mil corrieron. Madres aferrando bebés. Ancianos avanzando a tropezones. Nadie miró atrás.
El último hebreo alcanzó la otra orilla cuando el primer carro entró en el sendero.
Moisés bajó su cayado.
Los muros colapsaron. El mar recordó lo que era. Los carros se volcaron. Los caballos gritaron y enmudecieron. Cuando terminó, el agua yacía en calma — como si nada hubiera pasado.
En la otra orilla, el pueblo permanecía jadeando, llorando, riendo. Vivos. Libres.
Miriam dio un paso adelante. La niña que había visto una canasta alejarse flotando ochenta años atrás. Levantó un pandero.
MIRIAM“Cantad al Señor, porque ha triunfado gloriosamente.”— Éxodo 15:1
Una voz se unió a ella. Luego diez. Luego seiscientas mil.
El primer cántico libre en cuatrocientos años.